LA BARRA DEL ERRE

Ricardo Moltó heredó de su padre el restaurante Ricardo en Ibi, que, en la época de prosperidad, acogía comidas empresariales o políticas en torno a una fuente de marisco. Lo reorientó hacia lo contemporáneo en decoración y cocina, tras formarse en escuelas y restaurantes. Emigró con la crisis, para cosechar éxitos y sinsabores, y ha vuelto a casa para reinventar el negocio en una línea posibilista, en el nuevo Erre que Erre. La cocina es la suya de siempre, de base neoclásica, técnica eminentemente eficaz —vacío sí, alardes no—, apego al terreno y una creatividad de ingeniosas ocurrencias más que de ideas brillantes: el salteado de níscalos y alcachofas, inusual y apetitoso, o la mezcla de pericana y migas que acompaña al cordero deshuesado. Moltó es más de carnes que de pescados: junto a un impecable bacalao con morcilla y habitas, un pollo trufado con setas en texturas, aunque no falta el toque marino y trendy de un tartar de atún casi exento de condimentación que apuesta por el producto y la simplicidad. Ibense de pro, el cocinero elabora sus propios helados y el de turrón o el de chocolate son quizás sus mejores postres.

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